Perspectivas macroeconómicas 2020 – Periódico El Caribe


La principal característica del desempeño macroeconómico dominicano de 2019 que le distinguirá de años anteriores será la reducción en el ritmo de crecimiento. Hasta septiembre la expansión económica se ubicó en 4.8%, 1.5 puntos porcentuales por debajo del crecimiento promedio anual observado entre 2015 y 2018 (6.3%) y 0.7 puntos porcentuales menos que la media anual de los últimos 27 años (5.5%). Es muy probable que, en el último trimestre del año, el crecimiento repunte, como lo hace siempre, y que esto aumente la tasa de crecimiento para todo el año. Sin embargo, difícilmente termine superando por mucho la barrera de 5.0%.

Los resultados negativos en el empleo de la desaceleración del crecimiento ya se están haciendo sentir. Las tasas de desempleo están repuntando. El desempleo abierto (entre quienes buscan trabajo activamente y no encuentran) subió hasta 6.4% en el segundo trimestre del año. En el cuatro trimestre de 2017 fue de 5.1%, y en el cuarto trimestre de 2018 alcanzó 5.8%. El desempleo ampliado (entre quienes buscan trabajo y quienes no buscan, pero quieren trabajar) subió hasta 11.2% en el segundo trimestre. Si se considera como una persona desempleada a quienes buscan empleos activamente y a aquellos que están subocupados, esto es, quienes trabajan pocas horas a la semana, la tasa de desempleo subió hasta 11.7%, 2.7 puntos porcentuales más que en el último trimestre de 2017 y 1.4 puntos porcentuales más que en el mismo trimestre de 2018.

Sin embargo, el resto de los indicadores macroeconómicos parecen una repetición de los de años anteriores. La inflación se mantiene baja y seguramente no terminará sobrepasando el 3%. A pesar de la intensa devaluación de septiembre y octubre, el tipo de cambio terminará en un nivel cercano al previsto (53.1 pesos por dólar) y la devaluación será de cerca de 5%, parecida a la de años previos.

El déficit externo (saldo de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos) apenas crecerá; se mantendrá bajo y por debajo del equivalente a 1.5% del PIB, a pesar del comportamiento negativo del turismo. Desafortunadamente eso será así no gracias a las exportaciones, las cuales siguen arrastrándose, sino a que las importaciones crecerán poco debido al menor crecimiento económico, a que el precio del petróleo no subió mucho y a que las remesas siguen creciendo.

El déficit del Gobierno Central también mantendrá niveles similares a años anteriores. Cerrará bastante por encima de los 100 mil millones de pesos (entre 2.2% y 2.5% del PIB), la deuda pública crecerá en cerca de 2,500 millones de dólares y la del Banco Central en más de 40 mil millones de pesos.

Con este antecedente, ¿Qué es lo esperable para 2020 considerando que será un año de un largo período electoral? En pocas palabras, lo previsible es que el crecimiento se mantenga por debajo del promedio histórico debido a la incertidumbre política y a que el entorno internacional no será favorable. Esto contribuirá a que el empleo retroceda y a que los ingresos laborales y la pobreza monetaria se estanquen. La inflación y la devaluación continuarán siendo bajas porque la política monetaria y cambiaria mantendrá su curso. El déficit fiscal mantendrá su nivel, aunque con importante riesgo de crecer por la coyuntura electoral, y la deuda pública, tanto la del gobierno como la del Banco Central, seguirá creciendo.

Un entorno internacional desfavorable

En general, el entorno internacional será desfavorable. Las últimas revisiones están recortando las proyecciones de crecimiento en casi todas las economías del mundo, incluyendo la de Estados Unidos. Ese país cerrará 2019 con un crecimiento de 2.3% y en 2020 se prevé que se reduzca hasta 2.0%. Esto supone que no deberemos esperar que las exportaciones, el turismo y las remesas vayan a crecer de forma significativa.

Sin embargo, hay dos elementos de la economía internacional que deberán jugar a favor del país. Uno de ellos es que, a menos que haya algún evento geopolítico extraordinario, es muy probable que el precio del petróleo se mantenga estable, precisamente debido a las previsiones de bajo crecimiento económico. La factura petrolera tiene una significativa gravitación sobre el crecimiento y los precios en una economía pequeña como la nuestra. El otro es las bajas tasas de interés que prevalecerán en los mercados internacionales. Esto implica que habrá condiciones favorables para acceder al crédito para financiar la brecha fiscal y que las tasas de interés nacionales no serán presionadas al alza, lo cual facilita el crédito y la inversión.

La inversión privada perderá dinamismo

Probablemente el factor que más influya en que la economía crezca menos que en el pasado será la reducción del crecimiento de la inversión privada motivada por la incertidumbre política. Eso ha sido lo que ha pasado en 2019 y lo previsible es que continúe o se profundice en 2020.

Entre 2015 y 2018, la inversión privada fue el componente más dinámico de la demanda en la economía dominicana y explicó casi el 40% del crecimiento en ese período.

El gasto público podría desalinear las finanzas del gobierno
Para 2020, la ley de presupuesto propuesta por el Poder Ejecutivo al Congreso prevé un déficit del Gobierno Central de 110 mil millones de pesos o 2.2% del PIB. Sin embargo, es probable que termine siendo mayor. La pregunta es si va a ser solo moderadamente más alto, como ha sido lo usual, o mucho más elevado debido al aumento del gasto respondiendo a la coyuntura electoral.

Es obvio que un aumento del gasto y del déficit harían crecer la deuda pública. Sin embargo, las consecuencias más relevantes de un desbordamiento fiscal son institucionales porque mostrarían nueva vez la falta de compromiso real con unas finanzas públicas más sanas y la ausencia de mecanismos efectivos que garanticen el cumplimiento de las metas y de contrapesos al poder del Ejecutivo.

La señal para los mercados de deuda sería negativa y se reflejaría en tasas de interés relativamente más elevadas a la que los inversionistas reclamarían por bonos dominicanos en comparación con una situación en la que los resultados fiscales se acerquen a las metas.

La política monetaria seguirá firme

También es previsible que las políticas monetaria y cambiaria se mantengan firmes y que la inflación y la devaluación continúen siendo bajas. Como vimos, el balance externo seguirá siendo relativamente favorable y los flujos de divisas, tanto los corrientes (exportaciones, turismo, remesas) como otros (inversión extranjera y créditos externos) prometen mantenerse. Esto supone que habrá divisas suficientes para crecer a un ritmo razonable sin mayores presiones devaluatorias. Además, la posición de reservas internacionales del Banco Central será suficientemente cómoda como para garantizar estabilidad.
Por su parte, el Banco Central continuará aferrado a su programa monetario para mantener un nivel de liquidez consistente con las metas de inflación. Es conocido que lo logra en parte endeudándose por lo que también es esperable que la deuda cuasifiscal siga creciendo.

Cuanto crezca esa deuda dependerá mucho de si el Gobierno Central cumple, o hasta que punto lo hace, su compromiso de transferir al Banco Central los recursos previstos para su recapitalización. El Ministro de Hacienda ha hecho un esfuerzo por pagar atrasos acumulados y ponerse al día con el Banco Central. Pero en un contexto político en el que el triunfo electoral cobra preminencia frente a cualquier otro objetivo, no es claro que esas intenciones vayan a prevalecer sobre las relacionadas con la inversión y el gasto que ayuden a la candidatura oficial. Incumplir esos compromisos es otra forma de desalineamiento fiscal.

De cualquier manera, con o sin ayuda del Gobierno Central, el Banco Central no se apartará de su programa y si Hacienda no transfiere lo suficiente, éste hará lo de siempre: endeudarse más.
En síntesis, 2020 no será un año muy diferente, en términos macroeconómicos, a 2019. Se caracterizará por una continuada moderación del crecimiento y menores progresos sociales que los vistos en el pasado reciente en materia de empleos e ingresos. La incógnita es lo que pasará con el gasto público y el déficit fiscal en medio de unas elecciones muy disputadas. Que no se interprete como un mal augurio, pero, en verdad, la debilidad de nuestras instituciones fiscales no permite ser optimista en este ámbito. La última vez que hubo posibilidad de alternancia en el poder, el déficit fiscal se triplicó.

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